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Talismanes

Sábado, 2 de enero de 2016

talisman

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Lunes, 14 de marzo de 2011

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Jueves, 1 de abril de 2010



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La angustia

Miércoles, 17 de junio de 2009

Puede decirse que, clínicamente, la angustia es un miedo inmotivado. Los miedos normales son reacciones con componentes psicológicos y corporales. El miedo o la angustia forman parte de la respuesta normal del individuo, con reacciones necesarias para la supervivencia. Sin embargo en la enfermedad, una reacción normal y útil para la supervivencia se desvirtúa y en lugar de ser un mecanismo defensivo provechoso, se convierte en una fuente de sufrimiento y de incapacidad.

Si esta respuesta desproporcionada se hace crónica estamos ante una neurosis de ansiedad o neurosis de angustia. La angustia puede aparecer de dos formas: en un estado permanente de ansiedad o en ráfagas de angustia, separadas por intervalos de aparente normalidad. Las ráfagas o crisis consisten en la aparición repentina de una situación angustiosa de máxima intensidad; se presenta de modo repentino, sin avisar; no es raro que se desencadene durante el sueño con lo que al despertar el paciente siente los síntomas con toda intensidad. En la crisis de angustia, la persona siente que la muerte esta próxima, tal es la intensidad de su sufrimiento. Viene acompañada de síntomas corporales como pánico, taquicardia, palpitaciones, respiración acelerada, sensaciones de ahogo o falta de aire, náusea, mareos, desmayos o aturdimiento. Manos y pies se enfrían, hay una opresión pre-cordial, sensación de entumecimiento u hormigueo pero sobre todo miedo a perder el control, “volverse loco” y morir.

Estas crisis pueden durar desde algunos minutos hasta varias horas, y es imprescindible ver al médico. La angustia puede manifestarse en un estado de ansiedad generalizada; los síntomas son similares a los de la angustia pero en forma no tan aguda sino como un malestar generalizado. Puede responder a situaciones previas de preocupación y conflicto en sus actividades cotidianas. Otra manifestación de la angustia son las fobias. Las fobias son respuestas ansiosas exageradas frente a un estímulo concreto: viajar en avión, estar en lugares cerrados, estar frente a un animal, estar en lugares abiertos.

La principal consecuencia de las fobias es que las personas temen sufrir la crisis y no ser ayudados, por eso se encierran en sus casas y acaban por recluirse, o evitan encontrarse en situaciones que, piensan, les producirán un ataque de fobia. El estrés postraumático también es una forma de la angustia. Es sufrido por personas que realmente han atravesado un acontecimiento traumático, como peligro para sus vidas, y el episodio se vuelve recurrente en forma de miedos y pesadillas. Dentro del estrés postraumático se incluyen las catástrofes naturales, guerras, secuestros y accidentes serios. Algunas personas enfrentan situaciones no tan graves pero adjudican un significado subjetivo al acontecimiento con consecuencias similares al estrés postraumático. Las consecuencias de este trastorno son sentimientos de desesperación, culpa y responsabilidad. La angustia también puede ser provocada por la ingestión de drogas o medicamentos; se manifiesta como una consecuencia secundaria pero que puede incluir crisis como las ya mencionadas.

Las crisis de angustia pueden tratarse con medicamentos, técnicas de relajación y respiración que son fundamentales y en las cuales se debe entrenar al paciente y a su familia; la práctica de la respiración permite aliviar las sensaciones de miedo y ansiedad. Se debe dar apoyo a la familia y terapias de grupo no sólo para el paciente sino también para la familia o las personas que conviven con él, para ayudar a su adaptación y recuperación social.

Autora: Marcela E. Diaz para © consultacartas.com

Técnica para equilibrar la energía

Domingo, 7 de junio de 2009

Desde el punto de vista del esoterismo, el ser humano emite siete tipos de energía:
1. Pránico-respiratoria.
2. Alimentaria.
3. Telúrico-cósmica.
4. Astral-espiritual.
5. Mental-psíquica
6. Vital
7. Sexual.
Esta creencia considera al cuerpo humano como una compleja máquina predominantemente energética, cuya salud, aptitud y funcionamiento correctos dependen de la armonización o equilibrio de estas energías. Ante una falta de armonía, existen técnicas que permiten recuperar el equilibrio para llevarnos a un estado óptimo de nuestra entidad psicosomática.

Pránico-respiratoria: La respiración es la función más importante ya que a mediante ella absorbemos “prana” o energía universal. La realizació de ejercicios respiratorios profundos todas las mañanas frente a una fuente de aire puro y el abandono de vicios como el tabaco nos permitirán mantener esta energía en su nivel óptimo.

Alimentaria: Para mantener un buen equilibrio de esta energía debemos basarnos en una sana alimentación, libre de productos químicos, al mismo tiempo que debemos dejar el tabaco, alcohol o drogas. Se deben elegir productos frescos y beber agua mineral o hervida, complementando la alimentación con tisanas o preparaciones vegetales curativas. Antes de comer se debe hacer un ejercicio de visualización de la energía y pureza del alimento.

Telúrico-cósmica: Representa la unión entre la energía de la Tierra y el Cosmos, de fundamental importancia en el esoterismo y el naturismo. La energía telúrica proviene de la Tierra, organismo vivo que emite energía desde sus capas magnéticas subterráneas y su núcleo y que se absorbe a través de los pies. La modernidad, el uso de gomas y plásticos, nos ha alejado del contacto con la tierra, pero se sabe que el caminar descalzos sobre el césped ayuda a descargar energías negativas y absorber las positivas. Para equilibrar la energía telúrica se debe caminar sobre piedra, tierra o césped, visualizando cómo se desprende la energía negativa de nuestros pies, tensiones y malestares; al mismo tiempo tratar de visualizar la energía telúrica, luminoso haz que nos penetra y favorece. La energía cósmica proviene de los astros y se absorbe a través del “Chackra coronario”, ubicado en lo alto del cráneo. Visualizamos esa luz y energía que penetran por nuestra cabeza, limpiando nuestro cerebro de ideas perturbadoras y derrotistas.

Astral-espiritual: Este tipo de energías constituye el meollo de los estudios esotéricos y la fisiología oculta. El equilibrio depende de la actividad astral, el “soñar” o realizar “proyecciones o viajes astrales”, y se consigue mediante un dormir tranquilo y reparador, a lo cual ayuda orientar la cabecera hacia el norte y tratando de visualizar esta aura que envuelve el cuerpo en un color celeste brillante. Estas energías provienen de la cuarta dimensión o “hiperespacio”.

Mental-psíquica: Energía ilimitada, reside en el cerebro, su equilibrio depende de nuestros pensamientos, intelecto, práctica de la meditaión, mantras, visualizaciones y programación y control mental.

Vital: La energía de la vida es una retransformación de las otras energías, que puede equilibrarse desde el aspecto físico donde el agua juega un papel fundamental. Baños de agua fría intensifican la fuerza vital y los tibios o calientes producen relajación. La energía del agua disuelve los aspectos negativos y purifica, y estas virtudes pueden potenciarse agregando hierbas o sales al agua de baño.

Sexual: Una de las energías mas potentes del ser humano, directamente relacionada con los chackras, la columna vertebral y su parte energética-sutil. Desde el punto de vista de la mitología se identifica con una serpiente, pero es una fuerza iluminadora y activadora de todos los chackras. Se equilibra y potencia mediante una vida sana, pareja estable y una energía sexual pura y libre de degeneraciones.

La temática de las energías es amplísima, sólo hemos dado algunas técnicas básicas pero se puede profundizar, estudiando y practicando para recorrer este apasionante e infinito camino.

Autora: Marcela E. Diaz para © consultacartas.com

Estudio del aura humana

Viernes, 5 de junio de 2009

La primera definición científica del aura surge en el siglo XVI, de la mano de Paracelso, quien la definió y describió como una esfera de fuego. Casi dos siglos después es Franz A. Mesmer quien presenta sus estudios sobre el magnetismo animal, definido como como un tipo de energía electromagnética que puede ser transmitida de un ser a otro. Ya en el siglo XIX se desarrollaron varios experimentos destinados a demostrar físicamente la existencia del aura.

En 1845 el químico alemán Karl Von Reichenbauch publicó un libro describiendo un experimento sobre el aura en base a percepciones percibidas por él mismo procedentes de ciertos tipos de cristales e imanes. Según este experimento, que llevó a cabo con varias personas, ubicándolas en una habitación a oscuras visualizaron emanaciones lumínicas de procedentes de las extremidades de las personas, animales y plantas, de diferentes colores pero destacadamente rojo, el violeta, el naranja, y el verde. En el siglo XX, específicamente en el año 1911 el Dr.J. Kilner, gran estudioso de la electricidad y Director del área de electroterapia del Hospital de Santo Tomás de Londres, demostró la existencia física del aura a través de unas láminas de cristal preparadas con dicianina, haciendo posible su observación a través de la luz ultravioleta.

Este científico formuló un método para diagnosticar enfermedades aún antes de que se manifestasen, mediante sus estudios del aura. El método del Dr. Kilner para visualizar el aura es el siguiente: “La persona a la que se pretende visualizar el aura, debe de situarse delante de una tela de fondo blanco (aunque también lo realizó con el fondo negro) dentro de una habitación oscura. Es imprescindible que el sujeto se encuentre desnudo en la parte del cuerpo que se desea visualizar, ya que la ropa impide ver el aura. Llegados a ese punto, el observador deberá de mirar a través de la lámina tratada con el producto químico llamado dicianina, a la luz del día, para posteriormente cerrar los ojos y, con la persiana bajada , a fin de que la habitación se encuentre totalmente a oscuras, visualizar el aura “.

Gracias a este descubrimiento se pudo conocer cada vez con mayor exactitud su composición, llegándose a la conclusión de que está formada por varias capas superpuestas que siguen el contorno del cuerpo físico y se van extendiendo hacia el exterior. Se han percibido hasta tres de estas capas:

Primera capa o Doble Etérico: es una pequeña franja oscura gris claro que se ajusta con total exactitud a la forma corporal.

Segunda capa o Aura Interior: de unos seis centímetros, también ajustada al contorno del cuerpo, presenta distinta coloración dependiendo del estado físico, psíquico y emocional del individuo.

Tercera capa o Aura Exterior: ubicada sobre la capa anterior, de ocho a quince centímetros de espesor.

Otro fenómeno estudiado por el Dr. Kilner fue la comprobación de que cuando coincidían dos tipos de auras, unas fuertes y sanas y otras débiles sin apenas energía, las débiles absorbían la fuerza de las sanas.

Autora: Marcela E. Diaz para © consultacartas.com

El aura: nuestro campo energético

Jueves, 4 de junio de 2009

El campo magnético que llamamos aura ha sido científicamente observado y medido aunque no ha dejado de ser un asunto polémico y debatido. Los estudiosos del tema no han llegado a ponerse de acuerdo acerca de su composición u origen; en general es aceptada la existencia del fenómeno, pero los exhaustivos estudios por parte de la comunidad científica no han encontrado la explicación al fenómeno cuya visualización parecía reservada sólo clarividentes o místicos.

Sin embargo en tiempos más antiguos esta luminiscencia era observada con mayor facilidad; generalmente en personajes de gran relevancia, sobre todo en aquellos considerados de procedencia divina como lo indican algunas figuras rescatadas de los frisos egipcios, donde se representa a los dioses y sacerdotes con una especie de aureola en la parte superior de la cabeza, tal sería el caso de la diosa Sekmek.

Las culturas posteriores también representaron este fenómeno en distintos grabados y pinturas, donde los personajes de tipo religioso y espiritual, como Buda, Mahoma, Moisés y sobre todo Jesús, llevan un fulgurante halo de luz en la cabeza.

Se han ensayado algunas definiciones, como la siguiente : “El aura se puede considerar como un campo de fuerza o energía vital que envuelve a todo ser existente en nuestra naturaleza, seres humanos, animales y plantas, e incluso hasta los metales y minerales, poseen un tipo de aura especifico que los rodea”. Este campo energético es producido por las distintas vibraciones y frecuencias que emite nuestro cuerpo.

Según las teorías orientales esta energía emana a través de distintos puntos llamados “chakras”, palabra en idioma sánscrito que significa rueda, y se manifiesta en una gama de emanaciones lumínicas que corresponden a la frecuencia ultravioleta, por lo cual no son perceptibles a los ojos humanos pero sí pueden percibirlas quienes poseen una sensibilidad especial, facultades clarividentes y cierto tipo de plasticidad en el cristalino del ojo.

El aura comprende una amplia gama de colores, desde el blanco hasta el violeta, como si fuese un arco iris. La mayor o menor intensidad de los colores depende de la longitud de onda o frecuencia electromagnética procedente de los chacras, que además influyen sobre las secreciones de las glándulas hormonales. La luminosidad emitida por los chacras cuando hay armonía entre el cuerpo y la mente es homogénea, de tonos suaves y dentro del espectro ultravioleta.

En cambio los desórdenes físicos y psíquicos provocan cambios en el color del aura, pudiendo visualizarse tonos oscuros o con manchas. A otro nivel, el aura indica el grado de elevación espiritual del individuo.

Autora: Marcela E. Diaz para © consultacartas.com