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Los roles

Autora: Marcela E. Diaz en exclusiva para © consultacartas.com | Todos los derechos reservados


Cuanto mayor flexibilidad haya en el actuar, se podrá conseguir una mayor espontaneidad del ser. Existen dos perspectivas por la cuales podemos ver al hombre o a la mujer como personas saludables mentalmente. Podemos determinar que esa persona esta capacitada para desempeñar cualquier rol o esta liberada de desarrollar cualquier papel. Ambas afirmaciones pueden utilizarse para describir a una misma persona. Podría decirse también, que una persona que esta desempeñando un determinado papel no es honrado, no es totalmente auténtico. También, se podría considerar que no sería bueno estar enfrente de una persona que se pone en escena frente a nosotros. En realidad no es de esto de lo que se está hablando. El hecho de considerar a una persona completa como aquella que es capaz de representar cualquier papel, se está hablando de la habilidad de esa persona para reaccionar ante un estímulo dado, asumiendo un papel cualquiera. De ahí que podemos representar a una gran dama, cuando nos sentimos a gusto o bien convertirnos en una bruja iracunda, cuando nos enfrentamos a alguien que nos ha hecho algo malo. Podemos convertirnos en sabelotodos, cuando nos enfrentamos a trabajos en el que tenemos gran competencia y experiencia, o podemos reaccionar como indefensos cuando nos enfrentamos a tareas que no sabemos realizar. Esta capacidad de desarrollar todo tipo de papeles se conoce como espontaneidad. Generalmente cuando una persona no es capaz de desempeñar todos los papeles, es sí una persona que esta haciendo una escena. Posee un número limitado de papeles, por lo que es conocido por el rol que desempeña a menudo. Es así como el sabelotodo auténtico no es capaz de actuar como un indefenso, frente a cosas que ignora. Esta persona tratará de justificarse constantemente, porque no es capaz de asumir su ignorancia o sus errores. Las personas que no admiten la necesidad de los demás, a lo mejor es porque desde niños se encontraron con personas que esperaban que ellos lo supieran todo. O porque presumían que no sabían nada y por lo tanto, se esforzaban por demostrar lo contrario. O por sentirse inseguros con respecto a la vida en general, y formulando respuestas ilusorias para todo, adquirían cierto sentido de confianza y de seguridad. Las personas que tienen fama de monstruos irascibles, nunca podrán ser personas amables, porque el mostrar cordialidad, cariño o alguna señal de amor, los puede hacer vulnerables. O quizás, durante su niñez, hayan recibido crueldades poco comunes que han dejado huellas, que en la actualidad se proyectan a sus relaciones. Las personas que realizan un papel rutinario, son aquellas que son consideradas como falsas o teatrales. Podrían convertirse en personas más espontáneas, si pudieran actuar de forma más acorde al escenario en el que se encuentran de esta manera, podrían expandir el número de su repertorio. La falta de familiaridad con nuevos papeles es lo que superamos cuando decidimos vivir en plenitud.
Puede haber numerosas razones para aferrarnos a un único papel, pero la principal razón es que ese papel se conoce profundamente. Se siente la sensación de estar actuando cuando cambiamos de roles y decidimos dominar un papel totalmente contrario. Si se desempeña con gran frecuencia el nuevo papel, lo haremos tan nuestro como el anterior, de tal manera que nos iremos sintiendo cada vez más cómodos en él. Cada vez que empezamos a desempeñar un nuevo papel, experimentamos ansiedad, tal como un actor que interpreta un nuevo papel, pero la única manera que hay de superarse, es ampliando las habilidades para desarrollar con acierto, variados papeles. Si una persona se limita a un solo papel en su vida sufrirá doblemente, ya que, se verá limitada para realizar papeles opuestos. Es el caso de las personas que representan el papel de mártir, nunca podrán poner sus propios intereses en primer plano. Aquel hombre que representa el papel de hombre equilibrado vivirá temiendo volverse loco, ya que las únicas personas que temen enloquecer son aquellas que tienen preconceptos acerca de la salud mental. Se deben abandonar las imágenes que tenemos de nosotros mismos para poder trascender nuestros arraigados papeles y mostrarnos tal cual, somos. Cuando no se esta dispuesto a renunciar a la autoimagen, es cuando se teme al ridículo, a parecer tontos o a que nos juzguen como necios. Para poder apreciar mejor nuestro presente es necesario explorar papeles que tal vez no se esta inclinado a desempeñar.
Examinaremos los papeles que típicamente los seres humanos desempeñan, los que se hacen nuestro, ya que se repiten de manera conciente.

El mártir y el yo llegué primero:

El papel de mártir se aplica tanto a hombres como a mujeres, la característica fundamental de estas personas es considerar que se sacrifican por todos y que los demás no hacen nada por ellos, por eso, este rol se lo suele relacionar con las madres de familia, pero los hombres se suelen también apoderar de él y lo llegan a desempeñar con gran perfección.
El mártir se siente pleno, solo cuando las personas le demuestran su afecto, ya que no saben quererse a sí mismo. Dan todo de sí, se sacrifican solo para que los otros se den cuenta y se sientan agradecidos con ellos, su finalidad es recibir favores en un futuro. Cuando no logran sus propósitos consideran que los demás son desagradecidos. Cuando éstos logran dominar su rol, consiguen despertar el sentimiento de culpa en los demás, logrando que éstos cedan y hagan lo que el mártir desea, aunque esto tampoco lo satisface, pues el mártir considera que se lo tuvieron que pedir, que no lo hicieron espontáneamente. El papel de que yo llegue primero, se complementa con el rol de mártir, y generalmente ese papel es asumido por quienes fueron educadas y formadas por un mártir. Este papel suele ser adquirido por aquellas personas que no han tenido padres responsables y que por lo tanto se han tenido que educar por sí mismas. Otra causa de desencadenar este rol, es el de haber tenido un padre psicópata. Estas personas suelen apoderarse de todo, sin tener en cuenta ni los deseos ni los sentimientos de los demás. Son los primeros en servirse la comida y en disfrutar una nueva ronda de tragos en una fiesta. Tienen como costumbre pedir todo, desde objetos materiales hasta cigarrillos, todo lo piden prestado y por lo general se olvidan de devolverlo o lo devuelven después de un tiempo. Llegan a irritarse cuando se les pide algo a ellos, y consideran que quieren aprovecharse de él. Las personas con el papel de yo llegue primero jamás le llevan un regalo al amigo que los invita, pero esperan recibir regalos de éstos, en raras ocasiones son capaces de hacer alguna fiesta y cuando la hacen, ésta comienza después de comer y con la modalidad de que cada uno lleva su bebida.

El aristócrata y el hombre promedio:

El aristócrata se encuentra constantemente demostrando su elegancia. Los de sexo masculino se encargan de hablar de cosechas de vinos, de colección de autos, de joyas cinematográficas. La mujer con este rol, se interesan por vajillas y escritorios de la antigüedad y también adquiere muebles de estilos modernos.
A ambos les gusta hacerse la ropa a medida, hacer viajes sobre todo por el extranjero y realizar grandes fiestas. Para éstos, preocuparse por el dinero los haría descender de la categoría de burgués por eso no dicen cuanto han gastada, salvo que se les pregunte, tampoco preguntan. Les gusta fijar tendencia y les atrae más la apariencia que la esencia de las cosas. El hombre promedio se siente orgulloso de ser uno más, no les gusta sobresalir ni destacarse entre sus amigos, porque temen ser considerados engreídos o pomposos. La mujer promedio se maquilla, se viste y se peina como lo hacen sus amigas, vecinas, y si es universitaria lo hará según el círculo académico en el cual se maneja. El hombre promedio se atemoriza si tiene que afrontar el rol de aristócrata, opinan de política de manera tal que no moleste a los demás. No expresan ninguna idea o pensamiento original y se inclinan por lecturas o películas convencionales. Estas personas se suelen reír de los aristócratas y critican su artificialidad.

El general prusiano y el soldado leal:

Al general prusiano le gusta actuar como jefe, trata con rudeza a sus hijos y a su esposa, y a sus subordinados en el trabajo. La gente que lo rodea suele ser condescendiente, a todo le dicen que si con la finalidad de obtener alguna ventaja. Generalmente estas personas no se suelen reconocer a sí mismos, y se definen como grandes organizadores y a las cuales les gusta que las cosas se hagan bien.
No es afectuoso ni capaz de demostrar cariño. Las emociones, las excusas, las cobardías, las enfermedades, son para él debilidades que conspiran con el manejo eficiente de sus subordinados. En contraposición esta el soldado leal que necesita que alguien lo dirija y le dé órdenes, ya que no puede hacer nada bien por sí solo. Éste espera las órdenes de su general para todas las actividades que debe desarrollar en la vida diaria. Acepta ascensos menores pero nunca aspira a dirigir su propia vida. Prefiere que los otros se hagan cargo de las responsabilidades para no tener la culpa si las cosas salen mal.

El juez y el pobrecito infeliz:

El juez es el individuo que se viste de moralista y no acepta a los demás tal como son, siempre aplica sus pautas de conducta, sus propios patrones y reglas morales. Las personas que asumen este rol se sienten obligados a demostrar que los suyos son superiores, es intolerante y no permite que los otros desarrollen sus propios valores o patrones. Es directo en sus indicaciones, les dice claramente a los demás que tienen que hacer, como tienen que hablar, que deben decir y que no deben decir, cual es el comportamiento apropiado y cual no. Por lo contrario el pobrecito infeliz, no es capaz de adoptar una postura moral ante nada, y no juzga, para no ser juzgado, basándose en los preceptos bíblicos. Se suelen dividir en dos grupos tolerantes y humildes.
Los tolerantes consideran que todo esta bien, que todo es aceptable a la hora de tener que emitir una opinión, asumen una posición totalmente liberal. Prefieren decir que todo es parte de la naturaleza y que nada es mejor o peor que otra cosa. Les gusta deslumbrar a los demás demostrando su comprensión por las flaquezas humanas. Los humildes, no opinan bajo la excusa que no poseen la capacidad suficiente para hacerlo. Esta postura es adquirida. Ya que en realidad no juzgan para no ser juzgados, por eso prefieren decir que no tienen los elementos necesarios para emitir algún juicio o que no se creen competentes para hacerlo. Estos prefieren demostrar sus virtudes con una excesiva modestia.

El recatado y el anárquico:

El rol del recatado es ni más ni menos que una cubierta para tapar las inseguridades y los temores sexuales. Suele tener temor de asumir sus exigencias sexuales y numerosos prejuicios y temores a la hora de enfrentarse, en la intimidad, a determinadas prácticas sexuales o posturas eróticas. Teme que su vida se derrumbe si actúa llevado por sus impulsos sexuales. Esto se debe, a que tiene la fantasía de ser desacreditado por los otros o que la seguridad de su familia o de su hogar se vea arruinada. No admite los temores y no hace nada para luchar contra ellos, prefiere esconderse bajo una gran moralidad o una gran virtud. En oposición, se encuentra el anarquista que cree que el sexo lo cura todo. Consideran que el sexo es algo tan común como un apretón de manos, por lo cual se debería mantener relaciones sexuales con cualquiera y no debería hacer falta ninguna atracción mutua. Todos los que rechazan a un anárquico son considerados por este como alguien prejuicioso, ya que de no ser así accederían a sus deseos. Consideran que las personas se conocen realmente luego de haber tenido relaciones íntimas, pero una vez que se aceptan estas condiciones, el anárquico se aburrirá y correrá a buscar a otra persona para conocerla íntimamente. Estas personas priorizan la intimidad física antes que la emocional, por eso siempre encuentran fallas por lo que corren en busca de otra pareja indefinidamente.

El rebelde y el emocionalmente maduro:

El rebelde rechaza la sociedad establecida, quiere verse diferente, original, con una mente distinta, pero sus reacciones son tan predecibles como esa sociedad que rechaza. Antes, estas personas llegaban borrachas a una fiesta, hoy lo hacen drogados, antes eran militantes políticos, hoy rechazan toda militancia. Utiliza un vocabulario difícil de entender y que resulta chocante.
Este grupo se deja el pelo largo, usa jean gastados, chancletas desgastadas, collares, cintas en la cabeza, barba los hombres y axilas sin depilar, las mujeres. Estos personajes con sus drogas, su inactividad y su retórica consideran que están liderando una revolución. Critican al país y a su vez solicitan asistencia social, consideran que algo hay que sacarle a la sociedad, no admiten que viven de ella porque sino tendrían que considerar que son holgazanes, les gusta además insultar a la policía, a los cuales los suele llamar cerdo. El emocionalmente maduro defiende de manera vehemente las pautas establecidas por la sociedad y rechaza todo acto de rebeldía. Estos se acomodan a la sociedad en la que viven, están acomodados económicamente por lo que temen cualquier cambio que pueda ocurrir en la sociedad. En realidad se sienten inseguros en la posición de adultos porque nunca han aceptado al niño rebelde que suelen llevar adentro. Para mitigar este rol es necesario ser muy adultos en todo momento. Suelen respaldar el orden y la ley, hablan de madurez e inmadurez, de responsabilidad, de conductas. Desea actuar como un adulto por eso trata de establecer la paz y la armonía donde hay diferencias, no se rebelan contra nada. Estas personas les dan la razón a todos, sin detenerse a ver quien la tiene.

El feminista contra el antifeminista:

El feminista, considera que existe una trama tejida por los hombres contra las mujeres a lo largo de toda la historia de la humanidad.
Coloca al hombre como el malo de la película y todo lo juzga por las diferencias sexuales de la sociedad. Este grupo no pertenece al movimiento de liberación feminista que lucha contra la opresión y la explotación femenina. Generalmente estas mujeres con sus agresiones, sus arrebatos, su injusticia a la hora de juzgar, su mal humor, no luchan por la igualdad sexual sino por ocupar el lugar de poder y de predominio de los hombres. El antifeminismo pertenece al mundo de los hombres. Es la justificación de las posiciones extremas del feminismo, sin uno no existiría el otro. El antifeminista rechaza a las mujeres y se rehúsa a verlas como individuos independientes y distintos entre sí, como son los hombres.
Las mujeres son para él objetos pasivos, que solo sirven para llevárselas a la cama, ocupando el lugar de madre, cocinera o ama de llaves y no otra cosa. Hablan de sus relaciones con sus amigos solo para fomentar su machismo, al igual que cuando silban o piropean a una mujer. Utiliza a la mujer para afirmar su potencia sexual.

Los criticones eruditos y los niños exploradores:

Los criticones eruditos son aquellos que se encargan, con un arte muy especial, de despellejar a los otros, tienen por lo común lenguas muy filosas. Les gusta impresionar a los otros con su vocabulario, su sabiduría, su verborragia, su astucia, su agudeza mental y sus grandes valores. Para sentirse satisfechos y felices con ellos mismos necesitan contar con un enemigo en el cual, descargarán sus más hirientes ironías y podrán mostrar su actitud. Los niños exploradores son humildes, sencillos y no desean hacerle daño a nadie. Les gusta consolar a las víctimas aunque éstas no lo necesiten y puedan cuidarse solos, esconden en realidad un desprecio por los demás ya que consideran que si ellos no intervienen como guía o ayuda, nadie puede cuidarse a sí mismo.

El neurótico y el optimista:

Cuando al neurótico se le pide algo que no quiere hacer, no tiene ningún problema en enunciar minuciosamente sus ansiedades, sus inseguridades, sus limitaciones. Utiliza una lista de razones colmadas de carga emotiva para negarse, en lugar de hacerlo de manera simple. Busca una figura que los proteja, que los ampare y que hagan por él todas las cosas que no quieren hacer. Sus enfermedades se convierten en excusas por haber madurado. El optimista por lo contrario se siente muy seguro de todo lo que puede hacer. Son buenos maestros, predicadores y trabajadores y consideran que con ahínco se logra concretar cualquier meta. Para todo tienen una buena estrategia y predican constantemente los méritos que poseen el trabajo y el esfuerzo. Ellos dicen como hacer amigos, como influir en los demás, como ser el centro de atención en una fiesta. A pesar que sus fórmulas suelen ser muy positivas, el optimista no toma en cuenta ni la casualidad, ni los imprevistos y ni otras cuantas situaciones que no pueden controlar.

El poeta y el alma de las fiestas:

El poeta pretende que todos sepan que el siente todo profundamente, puede decirse que es supersensible. Cubre la soledad, la tristeza y los amores perdidos con un manto de romanticismo. Suelen ser escandalosos al citar obras teatrales, pasajes de la Biblia y hablan muy seriamente de los problemas de la vida. Su emoción preferida es la melancolía, se les hace muy difícil reír y suelen tener ideas alarmistas sobre los destinos de la humanidad. El contrapuesto al poeta, que carece completamente de seriedad es el alma de las fiestas. En realidad sufre porque se siente esclavizado con su sonrisa permanente y necesita siempre contar con un público.

El chismoso y el Peñón de Gibraltar:

El chismoso es el que se encarga de transmitir información acerca de las vidas ajenas. Se nutre de todo tipo de información, de rumores de hechos, de lo que digan los demás, etc. para saber algo de alguien basta con preguntarles a ellos. Dejan de vivir su propia vida para vivir la de los demás. Reciben la desaprobación porque hablan de todos a sus espaldas. Lo contrapuesto al chismoso es el Peñón de Gibraltar, que es reservado, silencioso, consistente, firme. Jamás divulgará un secreto.
Jamás comparte sus penas pero, presta sus oídos para escuchar las penas de los demás y las acumula sobre sí. Mantiene una posición de fortaleza por lo cual nadie lo alivia de su carga y lo único que harán es cargarlos más. Son solitarios y tendientes al suicidio. Esto es solo una parte de las escenas que representan los seres humanos. Comúnmente se elaboran papeles que están en relación directa con el trabajo o la función de la vida diaria, de madre, de hijo favorito, de esposo fiel, de ama de casa, etc. o se representan papeles de otros que se consideran mejores que los propios. Esto último es muy común en los adolescentes. Otro ejemplo es la vestimenta, con ella se trata de impresionar a lo demás, la ropa muestra a los otros lo que somos, sexy, formales, originales, solemnes, conformistas, rebeldes, etc. un cambio de vestimenta no solo demuestra un cambio a los demás, sino un cambio interno. Es muy importante conocer los papeles que se asumen comúnmente, no para cambiarlos, sino para saber como reaccionan los otros. También se le debe dar importancia a los papeles que nunca representamos, porque desarrollar papeles nuevos ayudarán al desarrollo y al crecimiento individual. Es necesario tener en cuenta las siguientes propuestas para poder ampliar el repertorio y así poder comprender mejor a las demás personas. Debemos observar a los otros, a los viejos amigos y a personajes nuevos para poder clasificarlos según el rol que representan. Tenemos que escuchar las conversaciones de quienes nos rodean, dentro de un colectivo, en un teatro, a los que conviven con nosotros, a los compañeros de trabajo. Luego debemos escribir los nombres de las personas más allegadas a nosotros, y junto a ellos los roles que representan. Después tenemos que hacer una lista con los papeles que representamos y los que no representamos nunca o lo hacemos a veces. Luego de hacer esta lista minuciosamente, trataremos de elegir día a día un papel para representar, prestando atención cuanto nos podemos identificar con él o que parte de uno reconocemos en este rol.
Es necesario invertir un día para actuar tontamente. Podemos también elegir un héroe, un actor de televisión o de teatro favorito para actuar un día entero como el personaje que se eligió. También elegiremos un antihéroe, o un actor de teatro o televisión que nos disguste, y luego de representarlo durante todo un día analizaremos que parte de nosotros hay en el personaje que representamos. Después de estos ejercicios debemos variar por el término de una semana la ropa con la cual comúnmente nos vestimos, es decir si nos vestimos de forma elegante probemos hacerlo de forma descuidada, si vestimos formales pasaremos a vestirnos sexy. Buscaremos vestirnos de manera totalmente opuesta a lo que comúnmente nos vestimos.


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