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Cuando la perfección se convierte en una obsesión

Autora: Marcela E. Diaz en exclusiva para © consultacartas.com | Todos los derechos reservados


En términos generales todos tratamos de hacer un buen trabajo, de no cometer errores, de ser prolijos, y de prestar atención a los detalles, y a valorar nuestra propia capacidad y la de los otros. Todos estos atributos no determinan que seamos necesariamente perfeccionistas, más bien son aspectos que determinan una voluntad normal y saludable, que nos permite lograr la satisfacción personal, el reconocimiento profesional y el éxito material.
El problema surge cuando la voluntad de excelencia se manifiesta en forma exagerada, cuando se presenta un profundo miedo a cometer errores o a ser juzgados, cuando se pierde el control y se realiza un mayor esfuerzo para lograr lo que los demás hacen, con menor esfuerzo. Esta gente aloja en su interior la convicción de que, cualquier error es inaceptable, se sienten inclinados a lograr la perfección, más que la excelencia. Los perfeccionistas, presentan esta condición a un nivel inconsciente y están seguros que se puede vivir en todo momento sin errores., Consideran que si se está atento, si se es inteligente y se esfuerzan al máximo, son capaces de evitar errores. Consideran que pueden evitar las torpezas, las decisiones equivocadas en la vida diaria y los descuidos, que en cuestiones inflexibles pueden desenvolverse naturalmente y que son las personas ideales para desarrollarse en cualquier situación. Para no demostrar que pueden ser incompetentes en determinadas situaciones, es fundamental para ellos, evitar errores.
Piensan que se los tendrán en cuenta si no existen motivos de crítica o de rechazo, necesitan la admiración de los demás y ser perfectos para sentirse seguros ante los demás. Creen que el mérito está en demostrar lo buenos que son, la inteligencia que poseen y la excelencia de su desenvolvimiento. Por lo general estas personas se privan de intervalos de descanso, de distracción, de charlas con amigos, etc. pues consideran que esto podría provocar un bajo rendimiento.
Es necesario reconocer que la vida es imprevisible, que por más esfuerzo que se realice es imposible controlar todos los aspectos de nuestra propia existencia, basta con considerar que somos vulnerables.
Más allá de estas consideraciones, los obsesivos, lejos de un conocimiento conciente, niegan la realidad, y se esfuerzan constantemente para poder controlar el mundo exterior, intentando lograr lo imposible.
Los obsesivos reciben, por su precisión y esmero, la admiración de sus camaradas y sus esfuerzos, suelen funcionar durante mucho tiempo. Rara vez provocan la desaprobación de la autoridad, pues, viven apegados a las normas y leyes. En las relaciones amorosas generalmente no son rechazados, ya que evitan cualquier situación que los puede hacer vulnerables y como son ellos los que necesitan poner punto final, viven atentos y actúan preventivamente cuando perciben que la relación no anda bien. Son personas a las que no se las aísla o se las ridiculiza, ya que se adaptan a las reglas sociales del grupo al cual pertenecen. Reciben numerosas recompensas por su responsabilidad, su coherencia, su atención y su organización. Pero a pesar de todos estos reconocimientos los obsesivos, sufren, ya que viven con una sensación de encontrarse solos, porque no pueden demostrar sus sentimientos y no confían en nadie, ni siquiera en los seres más queridos. Su necesidad interminable de tener que hacer todo bien, los lleva a no poder disfrutar de las actividades más agradables. Suelen estar imposibilitados para realizar nuevas tareas por el miedo que padecen ante el desconcierto, y a mostrarse menos perfectos. Todos los días viven bajo el peso del sentimiento del deber, de la justicia, de la responsabilidad y de su reglamento interno. El presente no existe para la mayoría de los obsesivos, porque no pueden disfrutar de las alegrías del momento. Muchos de ellos no pueden, ni siquiera, relajarse o disfrutar durante el tiempo libre. Justifican su comportamiento, considerando que pueden andar tranquilos por la vida si se esfuerzan lo suficiente para obtener el control de ellos mismos, el de los demás y el control de todos los peligros, accidentes, enfermedades, que se pueden presenta a lo largo de la vida. Las cosas no funcionan, porque el perfeccionista, siempre que inicia una tarea encuentra alguna razón para mejorarla. Independientemente del tiempo que se le dedique a un trabajo siempre existe la posibilidad de que alguien le encuentre algún defecto, por esto estas personas le dedican más tiempo, que el necesario, para desarrollar un proyecto. Como en su mente siempre esta el peligro de entregar algo que no este totalmente perfecto, suelen, bajo esta presión, no entregar los trabajos a tiempo o bien cuando cumplen con los plazos, lo hacen a un costo personal muy grande. Muchas de estas personas se aferran tanto al trabajo que estando casi listo, se niegan a entregarlo. Otros perfeccionistas se sienten paralizados, hasta la misma inactividad, ante la espantosa exigencia de que la tarea a realizar, no solo llegue a la perfección, sino que también, impresione a los otros y determinen su grandeza. Es necesario señalar que el obsesivo, no piensa de manera consiente que debe sobresalir, solamente les surge el deseo de impresionar o dejar atónitos a los demás demostrando sus conocimientos o sus capacidades.
Lo grave del perfeccionismo es, que no funciona, porque a pesar de suponer que es elogiado constantemente o que nadie lo critica, el perfeccionista, suele perjudicar el trabajo y las relaciones, sometiéndolas a una tensión insoportable. Es necesario analizar si el perfeccionamiento esta perjudicando, para considerar que ha llegado el momento de cambiar.
Esta creencia que posee el perfeccionista de que los demás lo pueden rechazar si comete algún error o ignora algo, provoca un efecto perturbador en las amistades sobre todo, cuando manifiestan esa necesidad de tener razón y obrar bien en todo momento. Simplemente. Tienen que aprender a reconocer cuando no saben la respuesta, no es necesario desplegar una serie de artimañas para tapar la ignorancia, ya que nadie disfrutará, amará o valorará la compañía de un perfeccionista, porque nunca cometa errores o que siempre sea dueño de la verdad. Es imprescindible admitir los errores y no tratar de justificarlos, diciendo que estaban bien pero que fueron malinterpretados, simplemente es necesario decir "me equivoque".
La imposibilidad de desarrollar todas las aptitudes creativas o productivas se debe al pensamiento que tienen con respecto a que un buen informe tiene que incluir todos los enfoques posibles, todas las respuestas a los interrogantes establecidos, y que deben tener una exhaustiva investigación. Generalmente el mejor escrito, es aquel que esté lo mejor redactado posible, dentro de un tiempo disponible. Para poder terminar un trabajo a tiempo es necesario, no pensar en que se está escribiendo una obra maestra, ni que debe estar impecablemente perfecto, simplemente hay que mentalizarse en terminar el trabajo en términos de productividad. Hay que concentrar nuestra atención en el trabajo que se esta realizando, evitando interrupciones y avanzando con un ritmo regular. Aunque nos quede trabajo pendiente debemos detenernos en la hora estipulada, para poder disfrutar del tiempo libre, escuchando música, realizando alguna actividad que nos divierte, compartiendo momentos con amigos, etc.
Si nos ha quedado trabajo para terminar tenemos que determinar, de ante mano, las horas que serán necesarias dedicarle. Cuando se logre perfeccionar y dominar el método de trabajo, se descubrirá que con menor tiempo, se puede obtener una mayor calidad del trabajo y éste será más productivo. Cuando no se aprende a disfrutar del tiempo libre y a cumplir con el trabajo, sin sentirlo como una obligación, no se logrará la felicidad ni la realización personal, de este modo la vida no tendrá sentido y no encontraremos placer en ella.
El obsesivo reemplaza la palabra "quiero", por la palabra "debo", así como el "no quiero" por "no debo", por lo que esta transformación en el pensamiento y en el vocabulario, hacen que las tareas más agradables pasen a ser las más pesadas. Todas las actividades se transforman en un "debe hacerse" e impiden la relajación y el disfrute de la actividad, convirtiéndose en una exigencia extrema, la que hay que terminar con urgencia. Por lo general esta exigencia y urgencia, llevan a abandonar. Constantemente, las tareas que se emprenden.
Cuando determinadas tareas que desafían nuestras pautas de perfección nos intimidan, es conveniente no aspirar más allá, aceptar un término medio, fijándonos un objetivo más modesto, obtendremos más beneficios y podremos realizar mejor todos los trabajos.
Si nos hemos dado cuenta que el perfeccionismo nos esta perjudicando, es momento de cambiar, y esto se puede lograr. Existen una serie de pautas que nos permitirán usar mejor nuestro tiempo. Para esto es necesario separar el trabajo de la vida en familia.
Si necesitamos traer el trabajo a casa, es necesario disponer de un lugar que permita concentrar todo el material de trabajo y se pueda dejar cerrado al salir. Debemos poner límites al trabajo, una vez que se cumplió el horario se debe dejar el trabajo para el otro día. Esto no significa de ninguna manera irresponsabilidad, ni que se dejen trabajos decisivos para el otro día, simplemente que una de las características esenciales de los obsesivos es considerar, que todas las tareas son cruciales. A menos que sea urgente e indispensable no debemos llevar el trabajo a casa. Si la situación obliga a llevarlo, no tenemos que dedicarle todo el tiempo, más bien, hay que mezquinárselo.
Es primordial que cada vez que terminamos de trabajar, desplacemos concientemente, nuestra atención en el tiempo libre y a la manera en que podemos disfrutarlo. Un buen ejercicio para desconectarse del trabajo es, inspirar varias veces profundamente, estirarse, para luego ponerse de pie y retirarse del área de trabajo. Cuando caigamos en cuenta que nuestra mente cae en divagaciones de trabajo, debemos respirar profundamente y concentrar nuestra mente en otra cosa. Antes de asumir el compromiso de un proyecto, debemos analizar cuanto tiempo de nuestra vida nos llevará, cuanto de nuestro tiempo libre y que tan importante es, para tanto sacrificio. Es hora que realicemos cambios. Si tenemos la oportunidad de rechazar un trabajo extra, por algún tiempo, debemos hacerlo. Si nos inunda el miedo de rechazamos un trabajo porque no nos volverán a ofrecer otro, es necesario buscar una opinión objetiva, ya que el sentido de nuestro propio valor puede estar distorsionado.
Es muy útil reconocer nuestros méritos y tener la seguridad de que pronto alguien necesitará nuestra colaboración. Aunque hayamos dejado trabajo pendiente debemos disfrutar de los momentos en familia o con amigos.
Es imprescindible disfrutar de las actividades y conversaciones sin pensar que ésto, nos esta alejando de los asuntos importantes. Para un obsesivo, uno de los desafíos más grandes, es disfrutar del momento presente. Hay que entregarse plenamente y desconectarse de todo problema relacionado con el trabajo. Sabemos que no es fácil el cambio y que lleva tiempo, pero, se puede lograr.
No sabemos si disponemos de más tiempo que el presente, por lo que es necesario disfrutar en familia, con amigos, dedicarse a nuestras actividades favoritas, divertirse en el tiempo libre.


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