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Nuestra intimidad

Autora: Marcela E. Diaz en exclusiva para © consultacartas.com | Todos los derechos reservados


El problema no es si tenemos o no intimidad, el problema real es que clase de intimidad imaginábamos. Son numerosas las excusas que utilizamos para justificar nuestra falta de intimidad. Muchas veces decimos que es a causa del trabajo que nos demanda muchas horas. A veces le ponemos tanta pasión a lo que hacemos que cuando nos encontramos con nuestra pareja las horas pasan hablando de nuestra realización profesional y no de cómo nos sentimos, que necesidades tenemos, como estamos con el otro.
Suele ocurrir también que cuando caemos en cuenta del poco tiempo que tenemos para la pareja, decidimos programar caminatas, salidas para dedicarnos a los dos, pero el final del encuentro siempre es el mismo, hablar de trabajo.
Cuando tenemos hijos, pensamos que son ellos, con sus demandas, los que impiden nuestra intimidad. También le echamos la culpa a los años que estamos juntos, al hecho que nos conocemos tanto que nos podemos permitir olvidarnos de tanto en tanto de nosotros sin que eso influya en nuestra relación.
Cada tanto deslizamos una caricia para demostrarnos que estamos ahí, con una sensación de compañerismo más que de amor.
Esta comprobado que los animales en cautiverio pierden los instintos de procrear, algo parecido nos pasa a los seres humanos, nos encontramos tan enmarañados en un estilo de vida que perdemos las ganas de tener ganas. Nos convertimos en socios de determinadas tareas, que a veces suelen ser divertidas.
Resulta inevitable caer en determinados conceptos de convivencia que determinan una falta de intimidad o la restringen exclusivamente a la actividad sexual. Nuestra vida íntima de pareja abarca muchos aspectos enriquecedores, la confianza, el misterio de descubrir quien es realmente la otra persona, el estar ahí y dejarla ser como es.

Amarnos tal cual somos:

Cuando nos casamos aceptamos un contrato de incondicionalidad que esta muy alejado de la realidad, ya que inconcientemente aceptamos, en la medida que nos estén dando. Pretendemos que las cosas no cambien, desde lo físico, que no engordemos, que sigamos manteniéndonos relucientes las veinticuatro horas, tal cual nos conocimos, desde lo personal que sigamos siendo agradables, comprensivos, atentos, cosas muy alejada de la realidad. Pasamos de ser amantes románticos a románticos que dan pelea a las partes más oscuras de nosotros mismos.
Parece que el cambio de estado civil hace que caigamos del amor a la realidad. No hay ninguna seguridad en que el otro nos acepte con todo lo que nos oscurece. Inevitablemente toda relación amorosa nos enfrenta con nuestra sombra, creencias, características, estilos de vida que no han sido reconocidos por nuestro inconciente. Podemos dejar de lado esos aspectos pero esto nos llevaría a simular todo el tiempo. Cuando asumimos un compromiso tenemos la oportunidad de descubrirnos tal cual somos, pero el inconveniente más habitual es que generalmente es el otro el que nos hace enfrentar con nuestro aspectos sombríos. Esto comúnmente se hace en el marco de una discusión y en forma de reproche, que más que hacernos conocer esos aspectos, nos conduce a la intolerancia.
La reacción habitual es manifestar disgusto frente a todo lo que nos señala el otro. Y comenzamos a desoír lo que nos dicen.
Recién cuando se acepte que no sabemos nuestras verdaderas historias y confiemos en la persona amada para descubrirla y oír nuestra historia ignorada es cuando podremos profundizar la relación. Podremos explorar juntos las historias de cada uno y así crear una historia en común. En este viaje se trata de conocernos, conocer al otro y por sobre todo permitir ese conocimiento. No tendremos la oportunidad de conocer a la otra persona si nos limitamos solamente a lo que conocemos de ella.

Tomarse un tiempo:

Suele ocurrir que la necesidad de buscar cada vez más intimidad, y no poder concretarla, por aspectos externos, nos puede llevar al colapso. Forzar situaciones de intimidad hace que extraviemos nuestros lugares de soledad, y con ello nuestros lugares de silencio de espera, de observar y examinar nuestra propia existencia. Es necesario poder alejarse físicamente, ya que esto nos conduce a encuentros más fructíferos. Es necesario aprender a separarnos, a dejarnos ir, sabiendo que podemos volver. Es fundamental aprender a custodiar la soledad de otro.
Se ha comprobado que las personas dejan de soñar, de disfrutar, cuando su espacio ha sido devorado por el otro. Pasar un determinado tiempo separados hace que se pueda recuperar la intimidad con uno mismo, y así revalorizar al compañero. Un aspecto muy importante en la relación es el derecho a la soledad, para poder volver al centro de nuestro ser sin sentirnos afectados por la pareja. Es probable que numerosas parejas no se hubiesen divorciado si se hubiesen permitido separaciones breves. Es importante experimentar el dejarse ir, una adecuada distancia. Un poco de aire en la pareja sirve para lograr una mayor comprensión que no se logra con la cercanía.

Sinceramiento emocional:

Después de un tiempo de convivencia decae la intensidad sexual que teníamos en un inicio, y ese contacto físico se transforma en algo normal. La pareja suele entrar en crisis cuando descubrieron que la intensidad de la sexualidad había aminorado, que no era igual a la de las primeras épocas. Es acá cuando se empieza a recurrir a algunas recetas, como relajarse, iluminar el cuarto, recurrir a buscar puntos sensibles, a sábanas de seda, considerando que algo andaba mal en la pareja. Nadie se detiene a considerar que la sexualidad comienza a demostrar sobre cada uno, el carácter de la relación. En un principio el sexo parece ser más interesante de lo que verdaderamente somos cada uno, hasta que no se puede seguir con la representación de ese papel, ya que el cuerpo no miente. En épocas pasadas se solía buscar cama afuera para cumplimentar esas falencias, hoy por temor principalmente al sida, se trata de buscar otros métodos a partir del sinceramiento emocional. Se buscan modos de tratarnos, cambios de roles, reformulaciones del significado de la pareja, mayor estima y autorespeto. En los tiempos actuales las mujeres han entrado en el mundo profesional al igual que los hombres, por lo que la competencia en la sociedad ha relegado la solidaridad, lo que determina una gran carga sobre la intimidad. Influenciados por la revolución sexual, a toda relación se la despoja de los contenidos profundos y de los cuidados necesarios. El fracaso surge cuando las expectativas van más allá de lo que la sexualidad puede dar, desconociendo otras variantes de la intimidad. Cuando no podemos intimar con nosotros mismos, ni con la gente que nos rodea en el mundo natural o en el ámbito laboral, ponemos toda esa carga en las relaciones íntimas, pero esto no logra satisfacer nuestras necesidades de cuidados.
En la sociedad moderna no logramos sentirnos íntimamente conectados, estamos aislados, convivimos con un mundo extraño, ajeno y hasta hostil. Es entonces que necesitamos que nuestras necesidades de intimidad estén satisfechas por la relación con otra persona o con nuestra familia inmediata. Cuando esto no se concreta pensamos que hemos fallado en algo.

La confianza:

Para afrontar la intimidad, con los riesgos emocionales que esto conlleva, necesitamos adquirir mucha confianza en el otro, en cada uno de nosotros dos, en la pareja y en el matrimonio. Una confianza para poder aceptar el concepto de estabilidad, que no tiene el mismo significado que antes. El primer sabotaje a la confianza es considerar como natural una posible disolución. Por otro lado lo que hace que florezca la confianza, es las ideas de continuidad y de permanencia, proporcionadas por el compromiso. La confianza en la pareja ofrece seguridad emocional, permite poner los sentimientos más profundos en manos del otro.
La única constante en la pareja es la confianza, mientras que la excitación sexual y el enamoramiento pueden disminuir o crecer. La habilidad para tener confianza depende de nuestras vivencias pasadas. Hay que tener en cuenta que si ofrecemos confianza podemos recibir lo mismo del otro. La verdadera confianza no es voluntaria, sino que se siente. Se desarrolla a lo largo del tiempo, compartiendo los sentimientos y pensamientos más profundos y observando como son recogidos. Es fundamental el desarrollo de la confianza cuando amamos a otra persona, porque nos permitirá aumentar el compromiso. Lo que no se debe buscar es la perfección, tampoco debemos comparar las relaciones supuestamente perfectas con las nuestras, ni idealizar a los otros. Solo debemos sentirnos satisfechos en la medida que lo que tenemos exceda nuestras expectativas.

El reto:

Lo que más se necesita para aumentar la confianza, es el diálogo, poder expresar las propias emociones sin disimular; oír y ser escuchados. Para desbloquear la intimidad, el primer paso es explicar esta necesidad de ser escuchado. Es común que las parejas se sientan traicionadas, aún sin haber roto ningún trato, porque a veces esperamos o queremos algo del otro sin siquiera haberlo mencionado. Cuando sentimos que han fallado nuestras expectativas es cuando pensamos que nos traicionaron. Es totalmente erróneo creer que cuando hay verdadero amor la otra persona esta obligada a leer los pensamientos, a adivinar lo que queremos y que las parejas que están bien conformadas muy pocas veces están en desacuerdo. Cuando se presentan sentimientos de traición entre nosotros, aún los más tenues, es momento de examinar, más que las fallas, las expectativas de uno u otro. El amor se profundiza y crece profundamente, a medida que va dejando de ser algo personal. Nuestro matrimonio se empieza a expandir en cuanto permanecemos en unión profunda a pesar de las dificultades o diferencias.

Juntos pero separados:

Es común que las parejas con el correr del tiempo pierdan las energías, la pasión desaparece, y después de los cuatro o cinco comienza una relación más de compañeros que de amantes. Nunca faltan motivos que justifiquen las pocas ganas de hacer el amor. El error más frecuente, en esta situación, es reclamar al otro la falta de ganas, lo perdido. Un modo de preacercarnos es preguntarnos como nos sentimos, que sentimos, si de esta manera me siento bien o mal. Debemos entender que la disminución de la atracción sexual no depende ni del tiempo, ni del espacio que tengamos para estar juntos, sino de la confianza que tengamos para sincerar nuestros sentimientos. El miedo a iniciar ese viaje sin saber a donde vamos es lo que impide practicar esta costumbre. El matrimonio nos hace olvidar la naturaleza del amor, nos lleva a un lugar desconocido. Ser amante es como ser un explorador.

Como solucionarlo:

El miedo a la exploración hace que la convivencia se vuelva rutina y el amor no nos permita ir a nuevos lugares. Nuestra relación nos ofrece constantemente la oportunidad de revelar y explorar quienes somos. Cuando permitimos que cada uno pueda seguir su camino, podemos desarrollar el crecimiento de la pareja, este crecimiento y cambio se convierten en amenazas cuando tomamos a la relación como un producto que de cualquier manera debemos mantener. Cuando nuestros espacios en la pareja se deslizan por caminos que no esperamos, parece que fuera el comienzo del fin. La relación incluye caminos definidos en los que los dos miembros de la pareja se deben poner de acuerdo con respecto a lo que va y a lo que no va. Lo importante es dejar de aferrarse al descontento que nos provoca la insatisfacción de nuestras expectativas.

¿Cuándo las parejas están en crisis?:

De alguna manera las parejas siempre están en crisis, salvo en algunas etapas, que a veces son prolongadas, donde hay una aparente estabilidad. La crisis no es ni más ni menos que un estado de inestabilidad, donde los recursos cotidianos dejan de ser eficaces. Generalmente la crisis esta provocada por algún tipo de cambio, a veces responde al desempleo, al cambio de vivienda, a la muerte de algún ser querido, al nacimiento de un hijo, etc. que por lo general involucran una renuncia. Las crisis, también, se suele desatar cuando sobreviene el desengaño al darnos cuenta que el otro no responde a las expectativas que fueron depositadas en él. El primer síntoma que indica el comienzo de la crisis esta dado por la escalada de violencia que, al principio puede aparecer con ironías pequeñas y sutiles hasta llegar a agresiones físicas mayores. Otro síntoma revelador de la crisis, es el aburrimiento. Llega a ser una alarma cuando empezamos a considerar que no se justifica hablar, provocando, casi sin advertirlo, un efecto destructivo. Pasan a ser síntomas muy graves, ya que hasta las peleas ofrecen una chance una posibilidad de reconciliación, mientras que el aburrimiento no ofrece ni una chance. Aunque no veamos con muy buenos ojos, muchas parejas viven peleando toda su vida y esto parece funcionar dentro de sus propios códigos. Las crisis también suelen entrar en la habitación, en ese terreno tan particular que pertenece a la intimidad de la pareja. En relación a la sexualidad un buen consejo apunta a que cada uno se entregue a su propio placer, que no este pendiente del otro, que se convierta en un egoísta generoso. No hay placer cuando se esta pendiente de que el otro goce o lo haga gozar a uno. Lo que se debe tener siempre en cuenta que el otro es incontrolable salvo que se lo quiera manipular. En la vivencia diaria de numerosas parejas la manipulación es muy normal, hasta que, con el correr del tiempo, se van afinando determinados mecanismos par lograr una mayor concentración en las propias capacidades, el propio esfuerzo y en el conocimiento de las limitaciones propias. Se toma conciencia de la crisis ante la falta de respuestas y el sufrimiento, que se canaliza generalmente por medio de la autoagresión o la agresión.
Para afrontar esta situación es fundamental darse cuenta del permanente cambio. En algún momento la ilusión es conseguir la estabilidad, pero la característica realmente primordial es la del cambio. Es fundamental entender que no somos plenamente independientes, que somos interdependientes, que siempre necesitamos de los otros y que debemos ser solidarios. Existe la posibilidad de superar la crisis cuando se comienza a pensar, como es que se hace lo que se esta haciendo, acá empieza la posibilidad de modificarlo.
Pedir perdón en una pareja en crisis puede ser todo un problema, ya que el que pide perdón automáticamente pasa a ubicarse en una postura superior a la del perdonado. El perdón no es útil para lograr un vínculo igualitario donde cada uno ocupa un lugar similar, ya que deja establecido que alguien cometió un error. Si bien reconocer los errores es un muy buen paso para solucionar algunos problemas de pareja, el perdonar de manera explicita no es una respuesta comunicacional muy buena, a menos que se lo realice de manera sutil. El concepto que verdaderamente sirve es el perdonarse.
No existe ningún método seguro que prevenga la crisis de una pareja. La reelección anual puede ser algo muy interesante para implantar en la pareja. Esta reelección o especie de contrato anual se trata de reforzar la historia compartida eligiéndose cada fin de año. Es útil porque se pueden aportar nuevos elementos que reafirmen la elección.


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