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Cerrando historias:

Autora: Marcela E. Diaz en exclusiva para © consultacartas.com | Todos los derechos reservados


Cuantas veces hemos oído o sentido que nos han quedado asuntos inconclusos, esa experiencia personal de sentir atragantado un sentimiento o impulso, que no nos atrevemos a dejarlo salir, a darle un curso hacia fuera. Una situación inconclusa es aquella que se ha quedado atascada en nuestro organismo, donde surgió una energía que no pudo ser dirigida al propósito, y se acumuló en nuestro cuerpo provocando tensiones emocionales, físicas y mentales. Es sabido que como producto del condicionamiento y de nuestras creencias, a medida que crecemos nos vamos insensibilizando. Es muy común que en la actualidad conozcamos determinadas personas a las que probablemente querríamos acercarnos, pero no lo hacemos, y hasta le restamos importancia a lo que realmente sentimos. Si bien no sentimos con la intensidad que lo hacíamos cuando éramos niños, la sensación de no estar completos la seguimos sintiendo a pesar de no ser concientes de ello. Sería gratificante dejar en libertad el impulso espontáneo de expresarnos, que a menudo lo encerramos en nuestro interior. Por lo general en una conversación nos suele surgir el impulso de decir algo pero, inmediatamente lo controlamos calculando la conveniencia o no de decirlo, las consecuencias posibles que nos pueden ocasionar en nuestra imagen, el decirlo y procedemos a ocultar ese impulso.
En otros momentos nos encontramos tan atontados, nuestra represión es tan automática que no nos damos cuenta de su presencia, lo que nos traerá consecuencias inconscientes o concientes en cualquier nivel. Por todo esto las situaciones inconclusas son aquellas que no le hemos podido dar un término saludable, dejándonos una energía acumulada que nos molesta y nos impide estar atentos completamente a todo lo que sucede en cualquier momento o lugar. Existen una serie de datos que nos pueden determinar si tenemos historias inconclusas, estos son: si en forma persistente tenemos fantasías con situaciones o personas con las que vivimos en un tiempo pasado, si revivimos situaciones con sueños recurrentes, si establecemos algún diálogo interno con personas que no están presentes, si no nos sentimos relajados cuando nos cruzamos con determinadas personas, independientemente del sentimiento que nos inspiren, ya sea amor, odio, rencor, percibimos una mezcla confusa de tensión, incomodidad y sensaciones de que algo con ella está pendiente, si al recordar algún hecho, sucedido en el pasado, lo hacemos con rencor, melancolía o depresión, si nuestro más delicado sensor, nuestro cuerpo, al ver o recordar a alguien, posee una sensación de incomodidad e inquietud, los inconvenientes que ocasionan los asuntos inconclusos es que estamos con la cabeza en otra parte mientras estamos participando en una determinada situación. Cuando nuestra atención y nuestras energías estén dirigidas hacia algún asunto pendiente, lo más probable es que nuestros sentidos no estén atentos a lo que esta sucediendo en nuestro medio y en nosotros mismos. Muchas veces nos ha pasado el no reconocer o no ser reconocidos por otras personas, estos sucede cuando se está sumergido en los propios recuerdos o en un diálogo interno.
Una situación inconclusa nos sumerge en un estado de melancolía, de falta de compromiso y de indefinición frente a los temas que hoy nos acontecen. Para poder aprovechar al máximo nuestro presente es necesario desconectarse de todos los compromisos y preocupaciones internas. Hay que desconectarse de todos los pensamientos que nos arrastran hacia el pasado y hacia el futuro, para lograr estar presente en la situación y el momento actual. Si no logramos estar en lo que hacemos, no aprovecharemos el momento, y si nos dejamos arrastrar nos aparecerá una nueva preocupación. Debemos tener en cuenta que a causa de todo esto aparece el estrés, que es un estado fuera de lo natural, en el que vemos reducido a un mínimo nuestro estado emocional, físico y mental, producto de este estado de tensión. El estrés se puede manifestar cuando queremos hacer más cosas de las que podemos hacer, cuando no podemos hacer las cosas, que podríamos realizar, por estar sumamente ansiosos y cuando no descansamos lo suficiente por la incapacidad de desconectarnos de las preocupaciones. Los asuntos inconclusos se pueden originar por:

- resentimiento o rencor; una de las causas es la sensación de insatisfacción con la manera que se dieron las cosas en determinada etapa de nuestro pasado. No podemos terminar de aceptar la manera con que han actuado determinadas personas o hemos actuado nosotros mismos, masticando los hechos de modo interminable, culpamos a la otra persona, nos culpamos a nosotros mismos. Nos empieza a agobiar el rencor y la culpa, es posible que un mujer no pueda perdonarse a sí misma o a su hija, si ha sido expulsada de su hogar paterno por haber quedado embarazada. Esa cantidad de energía que gira y gira en nuestro organismo contaminándolo y enfermándolo, es producto de un asunto inconcluso. Se dice que algunas enfermedades ocurren como consecuencia de no dejar ir los distintos rencores que durante nuestras vidas hemos acumulado.

- la represión de una expresión o de un sentimiento espontáneo; durante nuestra infancia y adolescencia el condicionamiento nos ha enseñado lo que es bueno y lo que es malo. El mundo adulto, en general, nos han retado o castigado ante la expresión de algunos sentimientos y nos han sonreído o premiado ante la expresión de otros. Es así como empezamos a actuar de acuerdo a lo que esperaban de nosotros, por esa necesidad de sentirnos queridos o aceptados. A partir de acá comenzamos nosotros mismos a permitirnos algunos deseos y a reprimir otros que nos hacían sentir incómodos. Esta represión en algunos casos es tan fuerte que no tomamos conciencia de lo que estamos sintiendo, y en otros, somos concientes del sentimiento, pero decidimos no expresarlo. Cuando estamos concientes de los sentimientos reprimidos nos hacemos más vulnerables, aparece el temor al rechazo. hay sentimientos que son frecuentemente aceptados o reprimidos por la sociedad, como la ira, la pena, el odio, el amor, el deseo sexual, el llanto, la atracción por otra persona, la indecisión. El problema surge porque no existe una norma religiosa, moral o legal que pueda eliminar lo que pertenece a nuestra naturaleza. Ya desde muy pequeños aprendemos a mentir a ocultar o a disfrazar nuestros sentimientos para evitar el rechazo o el castigo. Lo más perjudicial es que nos acostumbramos tanto a mentir y a disimular que dejamos de saber certeramente lo que sentimos.
Ocurre que no distinguimos la realidad, por ejemplo los individuos muy religiosos se niegan la sexualidad sin amor por lo que, para aceptar la atracción sexual se convencen de que alguien les inspira amor, cuando no es así. Nos hacemos a la idea de que todo está bien, que no pasa nada, para evitar expresar los sentimientos y como consecuencia su rechazo. Pero se debe entender que la represión no hace desaparecer ni elimina nada, lo único que hace es dejar asuntos inconclusos. Nos convertimos en una persona del montón, ya que ser diferentes puede motivar sospechas, y nos pasamos criticando a espaldas resistiéndonos a que el otro sea diferente, dejando como consecuencia asuntos inconclusos. Lo equilibrado es atreverse a expresar lo que sentimos en nuestro interior y no descalificar a los demás por el solo hecho de que nosotros tenemos miedo de expresarnos.

- cuando un conflicto no es solucionado de manera equitativa; tanto entre grupos o entre individuos, generalmente un conflicto de intereses que involucra ambas partes se resuelve cuando una de las partes gana y la otra pierde. Está demostrado que esa resolución deja asuntos inconclusos a la parte que pierde.

- alejamiento o muerte;
la muerte o alejamiento de un ser querido es una importante fuente de asuntos inconclusos. La muerte es la parte más difícil de aceptar, no por el que a muerto, porque más de una vez se piensa que paso a un estado mejor, sino por la ausencia que ese ser dejo en nosotros, es difícil permanecer sin su presencia. Pero el aspecto que más nos dificulta la aceptación de esa ausencia son los remordimientos por no haberle expresado todo lo que sentimos, todo lo que podríamos haber hecho y no hicimos, y todo lo que hubiésemos querido que fuese diferente. No logramos vivir el presente si nos pasando recordando el pasado o previendo situaciones futuras. Cuando nos sumergimos en el pasado o futuro, perdemos lo que realmente nos puede ofrecer la vida, y sin que nos demos cuenta, el aquí y ahora se nos escapa de las manos. Los hechos del pasado no tienen solución pero, debemos atenderlos para que no nos sigan absorbiendo nuestra energía. A veces nos imaginamos compensaciones futuras debido a las frustraciones pasadas. Esto significa que mientras no podamos cerrar historias seguiremos proyectando nuestras fantasías, suponiendo que el futuro nos traerá las compensaciones a esas frustraciones del pasado. Existen personas que se aburren con el trabajo, pero en lugar de buscar su propia vocación, tienen la fantasía que algún día y, por milagro se les presentará el trabajo ideal. Lo mismo ocurre en el ámbito afectivo, donde tal vez, no se hayan jugado completamente todas las cartas y se tiene la fantasía de encontrar la pareja ideal, que aparecerá de manera milagrosa y sin hacer nada.
La única manera de eliminar esas energías que circulan por nuestro organismo, contaminándolo, es cerrando los asuntos inconclusos.

¿Cómo cerrar historias? Lo ideal es estar atentos a nuestras claves internas para no generar asuntos inconclusos, situaciones sin un cierre saludable. Cuando la energía se haya plenamente equilibrada, es fácil deslizarse a un nivel superior, esto es lo que han experimentado determinada gente que ha estado cercana a la muerte. El juego es equilibrar en esta dimensión, lo que más se pueda, las energías para que cuando la siguiente dimensión este libre para nosotros, simplemente nos podamos deslizar hacia ella. Si no se les presta atención a los historias inconclusos, problemas o preocupaciones, éstos vuelven cada vez más insistentes. Una manera de paliar esta situación es escribir en una agenda cada preocupación inquietud, idea o asunto pendiente, de esta manera no habrá inquietudes dando vueltas en la cabeza. Otro método es imaginar que tenemos adelante un baúl o una caja en la que introduciremos todos los asuntos inconclusos, inquietudes o preocupaciones, los cuales simbolizaremos con un elemento concreto. Por ejemplo, un conjunto de cuentas las simbolizo con un reloj, al que podríamos añadirle la fecha y hora a la que lo atenderemos.
Esto lo hacemos de forma conciente, ya que la postergación de los asuntos inconclusos acarrean más ansiedad. Debemos tener en cuenta que no importa el tiempo transcurrido de la historia inconclusa, que no ha sido resuelta saludablemente, pueden pasar muchos años hasta que la inquietud se tranquilice. Podemos buscarle forma para darle salida a las emociones atascadas, llorando, gritando, golpeando un almohadón, etc. Si el asunto inconcluso abarca a una o más personas, se puede recurrir a hablarles o escribirles. Existen muchas terapias grupales en las que se realizan falsas evacuaciones, en las cuales las personas no descargan realmente nada. Solo lograremos abrirnos o sentir todo lo que esta atorado en nuestro interior, si somos valientes y audaces, o si ese asunto inconcluso se torna insoportable, por lo que nos tendremos que jugar el todo por el todo. El asunto se cerrará si ponemos todo de nosotros.
Cuando deseamos comunicar un deseo o un sentimiento o queremos cerrar algún suceso del pasado que tenemos pendiente con una persona, podemos recibir de esa persona, indiferencia, rechazo o imposibilidad de contactarse ya sea, porque haya muerto o porque no se la puede ubicar. Si después de haber realizado todos los intentos para comunicarse con la persona y aún así los resultados han sido negativos, es momento de pensar que hicimos todo lo posible por cerrar la historia y simplemente aceptar la situación, por lo que ya le estamos dando una salida a la energía atascada. Debemos tener presente que no todos los finales son felices, y que lo importante es no quedarse con algo atascado.
Nuestra sensación corporal será el mejor índice para saber si queda algo en nuestro interior, tendremos que empezar a escuchar nuestras sensaciones. Otra manera de cerrar historias es perdonar y perdonarse. El perdonar significa cambiar nuestros pensamientos en relación a nosotros, a una persona o un suceso, es dejarlo ir, terminar de masticarlo de manera negativa. Para otros, significa aceptar lo sucedido y nuestras reacciones negativas frente a ello.
También otros especialistas dicen que podemos alcanzar la paz interior si ejercitamos el perdón. Este es fundamental para dejar ir los miedos, los juicios condenatorios y los pesares, el perdón es el que nos permitirá modificar nuestras percepciones. Implica un cambio real, no es solamente decir te perdono.
Es necesario considerar que las cosas no siempre ocurren como queremos a la hora de decidir perdonar o perdonarse. Cuantas veces ocurre algo que nos desvía de la dirección a la que apuntamos con todos nuestros esfuerzos e intenciones. Algunos atribuyen esta responsabilidad a Plutón, desde una perspectiva astrológica, porque este representa la otra voluntad que determina nuestro destino, las fuerzas inconscientes. Esto no significa que no seamos responsables de nuestros actos, pero si debemos considerar el perdón teniendo en cuenta que el otro hizo todo lo posible por no causarnos ese dolor que nos atormenta. Algunos terapeutas aconsejan hacer una real despedida con la persona que no hemos podido ubicar o que esta muerta, para poder cerrar historias.
Lo que podemos hacer es imaginar que la persona ausente esta frente a nosotros y le expresamos todo lo que tenemos en nuestro interior, basta lograr sentir que estamos aptos para dejarla partir. Una mezcla de humildad y aceptación inevitable de los sucesos que ocurrieron y de nuestros sentimientos con respecto al hecho ocurrido, será lo necesario para poder dejar ir a esa persona.
Antes de sentir un cierre total, una despedida interna verdadera de esa persona, es necesario pedirle perdón y perdonarla. Para poder despedir a esa persona que se ha alejado podemos realizar una verdadera ceremonia o ritual.
Esta despedida de lo viejo, por más dolorosa que sea, nos permite la llegado de lo nuevo, la renovación.

Ejercicio para cerrar historias con personas ausentes:
Para realizar este ejercicio es necesario comprometerse internamente con lo que realizaremos. Será necesario escucharnos, confiar en nuestra intuición y nuestra creatividad, ya que solamente nosotros mismos sabemos lo que necesitamos para cerrar historias. En primer lugar debemos instalarnos en un lugar donde prevalezca la privacidad, el cual podamos ambientar según nuestras preferencias, en cuanto a música, silencio, luminosidad, efectos personales de la persona con la cual queremos cerrar la historia. A continuación tenemos que relajarlos, cerrando los ojos y dejando que nuestro cuerpo elimine tensiones. Visualizaremos a la persona con la que queremos cerrar historias. Comenzaremos a sentir que es lo que queremos dejar salir, en todo nuestro cuerpo, permitiendo esto con gestos, palabras, actos. Dejarlo fluir de manera tal que se empiece a sentir el alivio en nuestro cuerpo. Luego agradeceremos a la persona su presencia y la despediremos. Los resultados de este ritual dependen del compromiso emocional con que lo hayamos realizado. A veces es necesario realizar sesiones adicionales, porque a menudo aparecen percepciones o sentimientos desconocidos.

Ejercicios para cerrar historias con personas presentes:
En este caso existen ciertas ventajas y desventajas. Debemos focalizarnos honestamente en el objetivo, perdonar y perdonarnos, buscar un cierre y no entrar en acusaciones o intentos de manipular la situación, que no nos permitirán soltar las historias indeseadas. Ya sea el caso de expresar un sentimiento o desear cerrar una historia, es necesario focalizar el objetivo, y ser honestos con la verdadera intención. Es necesario crear una conexión con la persona y no lanzarle todo lo que sentimos, no ahogarla con las expresiones. Es común que cuando se dialoga con la otra persona se pierda de vista lo que realmente sentimos o queremos expresar, disfrazándolo, atenuándolo, por lo que tenemos que tener en claro lo que queremos o no, expresar exactamente. Debemos estar abiertos a lo que nos esta ocurriendo durante el dialogo, a lo que estamos sintiendo, y a lo que se quiere expresar a medida que éste avanza. Nuestra convivencia sería mucho más grata si podemos expresar de manera honesta e inocente todo lo que tenemos atascado.


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